jueves, 11 de junio de 2015
Me llama la tención como se queda rezagado de mi paso sin que yo me de cuenta. Camina tan de a poquito que en tan solo medio minuto, cuando volteas a mirarlo, ya lo tienes a varios metros detrás tuyo. Es él quizá como la gente de aquí, dedicada a la cosecha hoy; distrayéndose con la plática de la comadre mañana.
miércoles, 6 de mayo de 2015
http://www.dw.de/video-cultura/a-17261706
Viviane Sassen reinventa la fotografía de moda # Euromaxx # 06.05.2015
Viviane Sassen es una
artista holandesa cuyo trabajo en el mundo de la moda destaca por su integración
de fotografía de moda y fotografía artística. En su obra recrea la figura femenina
deteniéndose en las piernas, que en sus fotografías roban la atención como
expresión estilizada, sugerente y erótica del cuerpo femenino.
Papa
Wemba es un músico de la República Democrática del Congo con una ya larga
carrera y que forma parte de ese verdadero tesoro a descubrir por cualquier
melómano que se precie de serlo: la música africana. Desde los músicos
consagrados en lo que se conoce como wold music, ya sea dentro de Áfica como
Fela y Femi Kuti, Papa Wemba, Ali Farka Touré, Oumou Sangaré o Perir Pays, o
fuera del continente como Angelique Kidjo, pasando por músicos menos conocidos
(Issa Bagayogo, Staff Benda Bilili) sin olvidar a los músicos de origen
africano dispersados por el mundo (Nneka). ¡Bendita música!
domingo, 12 de abril de 2015
viernes, 19 de diciembre de 2014
A mitad del camino
En este camión,
donde viajan diez o doce personas, no parece notarse algo diferente: gente que
viaja igual que tantas otras veces, con sus cosas al lado o puestas sobre las
piernas. Pasajeros que van hacia un lugar, desde equis sitio. Alguno de ellos
con un sombrero en buen estado, liso y lustroso para lucirlo y sentirse bien de
tener un sombrero casi nuevo. Los hay quienes duermen y uno que otro que mira
hacia afuera y sigue con la vista un camino que se va quedando detrás como escapándose
del escape de este camión destartalado e incómodo.
En este día sin más, sin imprevistos
ni apenas novedades, nada más me alcanzó a llamar la atención ese hombre que viajaba
con quien podría ser su hijo. Eran más o menos las cuatro de la tarde cuando
bajaron de aquel camión, en un lugar que uno pensaría no tendría ningún caso
bajar, sin casas, caminos o gente a la vista.
El hombre pidió la parada al chofer para
poder apearse y pagó su pasaje. Por la ventana se miraba un borde del camino
que se inclinaba y caía al fondo de la barranca, empinada y honda.
Bajaron los dos en un minuto y luego
se les perdió de vista.
Entonces, sin más razón que un ramalazo
de tedio, me dio por pensar que esos dos no eran pasajeros sin más en esa tarde
cualquiera. Esos dos vienen y van, pensé, una y otra vez, de un lugar que nadie
sabe, hacia un lugar como este, y se bajan en medio de la nada, al borde del
barranco, y luego desaparecen caminando tan ligero que cuando uno los busca ya
no hay nadie allí sino el camino a solas. Están en el camino como está un
borde, un bache, una curva o cuneta. No son como tú y yo, porque se les ve
comenzar a viajar y cumplir su camino, pero no van a vivir su vida después de
ese trayecto pues su existencia es este viaje, y nada más.
domingo, 14 de diciembre de 2014
El dulce de la vida
El dulce de la
vida
—Las alegrías,
las palanquetas, las semillassss…
En un segundo,
atrapo la voz resuelta de doña Aurelia antes de que se pierda entre los sonidos
del centro de la ciudad.
—¿A cómo las
palanquetas? —pregunto—
—A cinco
Hoy, como cada
semana, ha aparecido esta mujer por estas calles a ofrecer sus dulces y
semillas.
—Una, nomás
quiero una —le aclaro mientras me extiende un paquete—
Los trozos de
cacahuate de la palanqueta, con su tueste azucarado y meloso, se desgranan en
mi boca: son aromas con recados que llegan desde mi infancia. Cae la tarde y varias
luces cintilan dentro de los comercios y en las aceras. Me pongo a pensar
entonces que estos dulces están ligados a mi como ese envoltorio que se queda
pegado al dulce que desenvuelves anticipando su gusto a miel: ¿pues no mi abuela,
mi madre y mis tías se dedicaron hace años a fabricar camotes para que mi abuelo
se fuese venderlos allá por Veracruz y dos amigos míos de la uni se dedicaron a
eso un tiempo?
Comiendo mi
palanqueta me animo a preguntarle a la doña:
—¿De dónde es
usted seño?
—De Tepeaca —sus
ojos cafés me observan de reojo y el chamaco que la acompaña me mira también
sin decir nada.
Ahora se va ya
doña Aurelia. La semana próxima estará por aquí, espero, y por un minuto me
pondré a saborear el dulce que me ofrece. No será nada más que un momentito de
agradable pasar de una tarde cualquiera de mi vida.
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